Si cada pareja es diferente y cada relación es un mundo, en el sexo femenino y en el masculino existen determinadas características dominantes.

Hablando de forma generalizada, podemos decir que si eres hombre te domina tu independencia, te gustan los riesgos, compaginas familia y amistades (a veces sin mezclar unos y otros), deseas tener todo bajo control o incluso luchas por ganar más que tu pareja, económicamente hablando.

En el caso de ser mujer, domina en ti la feminidad, la delicadeza, centrar tu dedicación de forma casi exclusiva en tu familia e hijos (si los tenéis), la preocupación por tu belleza, los sentimientos o lo maternal; si bien es cierto que cada vez está más latente esa necesidad de independencia económica, de querer sentirte realizada en el mundo laboral y de no ser tan dependiente de tu pareja.

Teniendo en cuenta estas características dominantes tan diferenciadoras, el problema real surge con la falta de comunicación o de diálogo, bien sea ante situaciones que os preocupan, ante determinadas actitudes y/o acciones de nuestra pareja que no compartís o que os molestan, o incluso evitando hablar de temas relacionados con las amistades o con la familia, aislando indirectamente a la otra parte.

La falta de comunicación, en cualquiera de sus formas, siempre es dañina y repercute en la relación. Hay que tener en cuenta que evitar el diálogo, limitando la posibilidad de expresión, puede estar motivado por diferentes factores, como por ejemplo, que seas una persona introvertida o por ejemplo porque deseas evitar preocupaciones innecesarias en tu pareja, asumiendo y absorbiendo de forma exclusiva aquello que le inquieta.

Lo más preocupante es cuando el silencio es motivado por un querer y no poder. Cuando lo que se desea es decir algo y no puedes hacerlo. Esto puede deberse a una baja autoestima o tal vez se deba a que algo te haga pensar que lo que tienes que decir no es importante. A veces algún tipo de temor o daño psicológico puede ser la causa de tu miedo a expresarte.

Compartir tareas, disfrutar juntos de momentos de ocio, asumir de forma conjunta responsabilidades y preocupaciones, hacer partícipe a tu media naranja de las alegrías o tristezas, ayudará a evitar la sobrecarga de problemas laborales y familiares, las discusiones, situaciones de estrés e incluso depresiones y baja autoestima.

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